Espero no ser la única en utilizar este recurso una y otra vez con sus hijos. Lo cierto, es que no puede resultar más práctica y sencilla la historia de este muchacho, que por culpa de las mentiras, al final acaba más solo que la una, nadie le hace caso.
El segundo, el que más uso en casa, es el de no exagerar tanto, por ejemplo con los llantos o los gritos por cualquier cosa. Si por una tontería de nada, se arma la marimorena, yo poco a poco, dejo de prestar atención, de forma que a veces no sé si lo que ha pasado es que alguno de los niños se ha hecho daño de verdad o es sólo que uno de los hermanos le ha quitado un lápiz al otro. Pierden ellos y pierdo yo.
Conclusión, que para algo me tiene que servir escribir este post, mediré mejor las palabras, intentaré no repetirme y con un poco más de creatividad y un poco menos de euforia, encontrar la forma de que me hagas un poco de caso, vamos de que me eches cuentas!!

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