Días como hoy, sentimos claramente que hemos nacido para amar a los demás…
La impotencia y la rabia son los primeros en acudir, luego algunos valientes se atreven a pensar, “¡ojalá yo hubiera podido hacer algo!”, cuando ni siquiera estaban allí, y más tarde la compasión en el sentido más bello de la palabra, se apodera de nosotros y nos unimos a ellos, es el momento en que nos gustaría, si pudiéramos, darles todo el ánimo del mundo, nuestra fortaleza y nuestra esperanza, en definitiva ayudarles a estar un poco mejor.
Yo quiero desde aquí, y sabiendo que con toda probabilidad ningún familiar de los afectados por el incendio de Catar, leerá este post, expresar mis condolencias y también mi amor, pues así lo siento y no puedo evitarlo. No sé, si es sensibilidad o es reconocimiento sincero de que todos somos hermanos, pero solo puedo decir que me importáis de verdad y que haría lo que estuviera en mi mano por ayudaros.
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